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Eduard Carcolé AI

Ese de ahí arriba soy yo.

O al menos, la versión que una Inteligencia Artificial ha creado de mí.

Y aunque parezca un simple truco visual, encierra el secreto por el que dejé de trabajar 16 horas al día. Luego te lo cuento.

No voy a venir aquí a soltarte el rollo de que mi misión en la vida es democratizar la Inteligencia Artificial, ni que tengo un propósito trascendental que hace llorar a los unicornios.

Eso es una horterada y no lo veo serio.

Soy Eduard y me dedico a enseñar a la gente a usar la IA a su favor, a hacer que la tecnología trabaje para ellos, y no al revés.

Ése es mi campo.

¿Y por qué te cuento esto?

Te lo cuento porque hace un tiempo, mi vida era muy distinta.

Yo tenía dos canales de YouTube.

Apenas dos.

Y por mucho que trabajaba como una máquina, los números no daban.

Llegó un punto en el que no pude mantenerme y me tuve que tragar el orgullo.

Tuve que ponerme a trabajar en una fábrica.

Hacía una jornada completa allí, y luego volvía a casa a echar otra jornada completa frente a la pantalla para sacar adelante lo que realmente me apasionaba.

Estaba agotado.

Era, literalmente, un robot de carne y hueso.

¿Y qué pasó?

Pues que en aquella fábrica hice "clic". Vi algo dentro de las naves que me cambió la perspectiva por completo.

Había dos líneas de montaje muy distintas.

En una, tenías a dos personas que recogían los productos ya montados, los metían en una caja, cerraban la caja a mano, la precintaban y luego la transportaban a pulso hasta el palé, además de hacer muchas otras cosas.

En la otra línea, en cambio, solo había una persona.

Su máquina era más nueva, sí, pero el trabajo de empaquetar seguía siendo manual para ambos.

La gran diferencia es que esta única persona solo metía los productos dentro de las cajas y las enviaba por una cinta precintadora automática.

¿Lo mejor?

Esa persona sola producía muchísimo más rápido que los otros dos juntos.

Al no tener que parar a cerrar y mover cada caja a mano, iba al doble de velocidad, siendo la mitad de personal.

Ahí conecté los puntos.

Entendí que el secreto no era que la máquina hiciera el 100% de las cosas. El secreto era la simbiosis.

Cuando empecé a dominar la Inteligencia Artificial, no lo dudé y apliqué esto a mi negocio.

Ojo, yo no me dedico simplemente a "automatizar" por automatizar. Me centro en usar la IA a mi favor para que trabaje para mí.

En unos puntos concretos, sí la uso como esa cinta precintadora: automatizo procesos repetitivos para quitármelos de encima.

Pero en otros puntos, donde de verdad se necesita mi mano de obra, mi creatividad y mi cabeza, uso la IA para impulsar mi propio trabajo, ser más productivo y avanzar mucho más rápido.

No fue fácil.

Y desde luego, no lo logré con un "truco mágico" de esos que te venden por ahí.

Me costó sudor y pruebas.

Pero funcionó.

De no llegar a fin de mes con dos canales, hoy gestiono 20 canales con la IA.

Y lo mejor de todo no es el número de canales ni el dinero.

Lo mejor es que ya no estoy trabajando en una fábrica una jornada completa, ni echando 12 horas al día en mi casa haciendo tareas que a nadie le gustan.

Dicen los expertos que en la página de "Sobre mí" debes hablar del problema que solucionas a tu cliente para empatizar y conectar.

Pues vale.

Y si te sientes así... ¿qué?

Si estás leyendo esto, es muy probable que te sientas un poco como me sentía yo antes: haciendo jornadas interminables, repitiendo tareas mecánicas y viendo cómo la IA avanza sin que tú le saques partido real.

Yo te puedo enseñar a recuperar tu tiempo.

A que pases de hacer el trabajo de un robot, a dirigir a los robots.

Si te gusta la idea, deberías apuntarte a mi lista de correo.

Mando un email diario con un consejo corto y aplicable.

Y todos los días te voy a ofrecer mis formaciones o servicios.

Si eso te ofende o te asusta, es mejor que no entres.

Si entras ahora, te llevas de regalo inmediato un audio privado de 8 minutos con los tres pilares para exprimir tu tiempo gracias a la IA.